Junio, 2009
Témoris Grecko
Se llama Témoris Grecko y no se trata de un dios maligno, enemigo de Zeus y su pandilla. Témoris es un amigo mexicano, periodista y viajero. Hace más de un año, cuando yo dirigía Etiqueta Negra y él preparaba un texto para la revista, le pregunté de dónde venía su nombre. “Temoris es raramuri (tarahumara), el grupo indígena de Chihuahua, y significa ‘el que ve caminos’”, me respondió, creo, que desde Australia. Leer más »
Una de perdedores
Mi amigo J, que es tan perdedor que tiene un blog de autoayuda vitácora manual para perdedores como él –y no se avergüenza porque, como mi hermano Chang, ha tomado la derrota como una forma de vida–, acaba de llegar de Buenos Aires y me ha traído dos objetos del deseo. Primero lo primero. “Una Luna”, de Martín Caparrós, libro que yo ya había leído en su versión menos masiva, pero que tuve que devolver porque a veces uno simplemente debe devolver. Desde que lo editó Anagrama lo estuve buscando sin éxito. Hasta que llegó J, que es tan perdedor que no lo ha leído. Como segundo y postre, un paquete de 6 CD y 2 DVD de Andrés Calamaro, titulado, para mi sorpresa y contrariedad, “Obras incompletas”. El muy cabrón no es de los que quieren abarcarlo todo en una caja, y yo me tengo que conformar con lo que hay; es decir, inconformar con lo que falta. Qué perdedor, me diría J.
Entretiempo
Sucede que pienso más en fútbol que en literatura. Hace unos meses que me pasa y lo tomo con la tranquilidad del caso, un dulce de chocolate frente a la tele que pasa el entretiempo de un Paraguay-Chile. Hoy quería leer un libro y no se pudo. El libro está bueno, descansando de mí con un marcador en la página 13. El partido de fútbol está mejor, y por alguna maldita razón pienso ahora en el libro y en el partido de fútbol. Dulce de chocolate. Publicidad de Coca-Cola. Quizá es el entretiempo el que me ha sacado de la cancha-tele para pensar en el libro-marcador. O quizá es cierto sentido de culpabilidad debido a que últimamente pienso más en ‘pelota’ que en ‘palabra’. Antes pensaba más en ‘palabra’ y cuando veía ‘pelota’ por la tele era solo en mi propio entretiempo: luego regresaba a lo mío que era literatura-libro-marcador. Ahora lo mío es fútbol-cancha-pelota. Igual todo es fantástico, pienso, un mundo que no existe por donde se le mire: el deporte convertido en circo mediático y las palabras que, puestas una al lado de otra, producen historias que a veces se parecen a la vida real. Dulce de chocolate. Empieza el partido.