Tranquicardia

Esto no es un blog.

Breve reflexión acerca del tiempo

Antes de acostarme, a manera de relax literario, cogí un libro. “Los escritores de mi generación, a veces pienso, están perdidos por su incapacidad para levantarse temprano”, dice Daniel Link en uno de los episodios de “La mafia rusa”. Ya era tarde, así que cerré el libro –gran libro, por cierto, hay que leer a Link, así se haga tarde– y acomodé la almohada con el objetivo claro de levantarme al alba y romper con toda una generación de escritores perezosos, síntoma evidente del fin de las letras. El fin, al menos, por esta noche, pensé, y no pensé más.

Me levanté muy temprano y creí que con ese simple acto, cargado, eso sí, de mucha fuerza de voluntad, fundaba una nueva forma de hacer (ser) literatura. Apagué el despertador. Cogí un libro, cualquiera. “¿Qué es lo primero que hace usted al levantarse?”, leí. Carl Honoré parecía premonitorio. “¿Darse la vuelta para apretarse contra su pareja o abrazar la almohada? ¿Saltar de la cama y hacer diez flexiones para que circule la sangre? No, lo primero que hace, tanto usted como todo el mundo, es consultar la hora”.

Me di vuelta y miré al despertador con desprecio. “A partir de ese primer momento de vigilia el reloj manda”, continúa Honoré. “Y sigue haciéndolo a lo largo del día mientras corremos de una cita a otra, de una hora límite a la siguiente. Cada momento forma parte de un programa y, dondequiera que miremos, la mesilla de noche, la cafetería de la empresa, el ángulo de la pantalla del ordenador, nuestra propia muñeca, el reloj sigue con su tictac, marcando nuestro avance, instándonos a no quedarnos rezagados”.

Al diablo con mi generación. Tictac.

Escrito por Daniel Titinger

Enero 14th, 2009 a las 12:15 pm

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