Tranquicardia

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COSTUMBRES PERUANAS 1

El tiempo

Escena I

–Ahora te pago, Daniel.
–¿Cuándo?
–Ahora, ahora.
–¿Cuándo ahora?
–Mañana, pues.

Es hora de ponernos metafísicos, situarnos en Lima, Perú, y develar el prodigioso misterio del tiempo. En el resto del mundo “ahora” viene de “agora”, del latín hac hora; es decir, en esta hora. Ya mismo y/o en este preciso instante. Pero el peruano promedio no sabe mucho de latín y, quizá por eso, ha convertido este adverbio de tiempo –ahora– en un vocablo ambiguo que significa siempre algo distinto dependiendo de: A) Hora del día; B) Tonalidad de la voz; C) Interlocutor; D) Estado de ánimo; E) Ninguna de las anteriores.

De tratarse de una conversación entre peruanos el mensaje temporal sería descifrado instantáneamente, incluso en un “ahora” en su acepción E: Ninguna de las anteriores. Dicho de otro modo, “ahora” puede ser, dependiendo de la situación, “más tarde” o “nunca” o “carajo, nunca” o, en casos muy extraños que limitan con la traición a la patria, “ahora mismo”. Eso lo sabemos todos porque es parte de nuestra naturaleza: importantes estudios han determinado que el peruano presenta, desde su nacimiento, un cuerpo calloso en el hemisferio izquierdo del cerebro, entre el tálamo y el ganglio basal, allí donde en otras latitudes desarrollan justamente el sentido del tiempo.

Por eso es imposible el buen entendimiento entre un peruano y, por decir algo, un suizo. El otro día, sin ir muy lejos, charlando con un amigo colombiano que está de visita en Lima, le dije como preguntando: “¿Y si ahora nos vemos?”. Él me miró con algo de pena, intuyó cierta tendencia subnormal en mi comportamiento, y me dijo, tomándome del hombro con cariño: “Ahora mismo nos estamos viendo, querido Daniel”. Él creyó que no me había dado cuenta. No supe qué decirle.

Escena II

–Hoy tenemos cena donde César.
–¿A qué hora?
–A las ocho.
–¿Confirmaste?
–Sí.
–Bien, despiértame a las nueve.

El tiempo, sin embargo, siempre nos ha parecido un asunto importante. No es que el peruano sea propenso a la contradicción –ése es sólo un rasgo de la mujer peruana y será analizado en otro capítulo–, sino que el tiempo, como la ley, nos parece importante en el sentido de cómo sacarle la vuelta, cómo burlarlo. Llegar temprano a una cita, por ejemplo, es equivalente a eructar en una sobremesa. No se ve bien. La tardanza da estatus. Cuanto más tarde llega uno, más importante se siente. El que no llega es el líder. Llegar “a la hora” es tan ofensivo como decirle a un amigo lejano “te llamo uno de estos días” y luego, un buen día, llamarlo.

Para hacernos la vida más fácil, los cursos de Geografía, en colegios estatales y privados, han tachado la palabra Greenwich de los libros de texto. Pero uno sabe, porque nació así, que la hora exacta es ésa que aparece en el reloj –de haber reloj– más sesenta minutos aproximadamente. No sabemos con certeza si se trata de un rasgo positivo o negativo de nuestra personalidad, pero cuando un peruano viaja al extranjero, sólo por precaución, trata de cumplir con el horario del resto del mundo. Viajar es extraño porque nos plantea el ejercicio de la comparación: la puntualidad, la limpieza, la sobriedad y otros inventos foráneos nos hacen sentir distintos. Ya es sabido que un emigrante nunca regresa al Perú porque fracasa, sino porque se le hace imposible llegar temprano. Ésa es una verdad indiscutible.

Los peruanos que regresan padecen de cierta alteración en su comportamiento. Primero atribuyen sus insomnios al jet lag, pero luego, pasan cinco semanas y ya nadie quiere invitarlos porque llegan antes y se van después. Caen pesados y mueren solos.

Escena III

–¿A qué hora me trae esos papeles firmados, María?
–Ahorita se los llevo.
–Ya, pero que no pase de esta semana.

Esta información puede ser útil para los extranjeros que se animan a vivir en Lima. El habla popular ha creado dos nuevas terminologías o matices horarios. 1) Ahorita. Esto puede significar, también dependiendo de la situación, “dentro de una hora”, “de esta tarde no pasa” o “nunca”. 2) Ahoritita. Se suele usar luego de que el ahorita no tuviera el efecto temporal deseado y el receptor del mensaje se impaciente. Se sabe que hay lugares en Lima que han puesto en práctica el ahorititita y hasta el ahoritititita, pero, por tratarse de zonas no contactadas, preferiría no referirme a ellas.

Escrito por Daniel Titinger

Marzo 18th, 2009 a las 1:37 pm

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