Dolor
No quiero comentarios en este no-blog. Apenas soporto los míos, y créanme que es verdad. El otro día, sin embargo, alguien escribió a mi correo diciéndome que no estaba de acuerdo con uno de mis textos. Debió rumiarlo en silencio, pero prefirió que yo lo supiera. En ese texto hablaba yo del glutamato monosódico, el secreto mejor guardado de la cocina peruana. “Te escribo porque duele lo que escribiste”, decía el correo del lector atormentado. No sé. Si algo me duele, o me froto o trago una pastilla. ¿Por qué nos tomamos tan en serio esto de la comida? ¿Es que el humor está reñido con la mesa?
A propósito de eso, y del no-post anterior, recuerdo lo que me dijo Guadalupe, amiga argentina con derecho al comentario (no por argentina sino por amiga): “Su patria entera se pone en juego entre un cuchillo y un tenedor”. Lo dejo allí porque no se me ocurre nada mejor que eso.