Tranquicardia

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Identidad

¿Hasta dónde puede llegar la paranoia nacional por la gastronomía? Vamos, ya párenla. La comida peruana es deliciosa, sí, pero no será mejor porque un chileno lo diga en una revista chilena, como sucedió esta semana. Ese ya no parece tanto un tema gastronómico, sino una herencia de odios y resquemores. De nuestro lado, claro: creemos que ganamos porque comemos bien, o algo así. En todo caso, la comida nada tiene que ver con mi manera de sentirme parte de un país, al menos en esos días raros en los que me siento parte de éste.

Pero ese es mi roche, y supongo que no es mayoritario.

No comparto la efervescencia nacionalista por la comida peruana, incluso hoy que me levanté peruanísimo. Ahora que en la calle uno ve más chicos disfrazados de chefs que policías, pienso mucho en eso que dijo Gastón Acurio: “Los cocineros peruanos son auténticos soldados de nuestra patria”. Tal parece, pues, que la comida está librando una guerra a favor de la identidad nacional. Y la está ganando.

Visto así, casi es imposible de criticar. Necesitamos sentirnos parte de un país. Algunos –a mí no me sucede– son tan buenos comensales como patriotas, y hasta podrían cantar el himno en medio de los efluvios de la digestión. La identidad nacional depende ahora de la comida, lleva mucho ajinomoto y produce gases. Buen provecho.

Escrito por Daniel Titinger

Diciembre 11th, 2009 a las 5:26 pm

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