Missing
Reencuentro con Alberto Fuguet. Vino a Lima para presentar ‘Missing. Una investigación’, el mejor de sus libros. Punto. Sin discusión. Mayte me había advertido, mientras lo leía, que en sus páginas había dinamita. Hace mucho que no la veía terminar tan rápido un libro, y tan fascinada. Yo nunca esperé con tanta angustia que ella terminara de leer un libro para que me lo preste.
Me lo prestó. Dinamita pura. Le mandé un correo a Alberto para vernos en Lima:
Mayte me prestó Missing. Buenísimo. Decir buenísimo es muy poco.
Creo que nunca habíamos hablado tanto de un libro con Mayte.
Eres un capo.
***
Missing nos incumbe a todos. Es un relato de familia. Una desaparición y una búsqueda. Una reconciliación. No puedes terminar de leerlo y no sentirte afectado. Para bien y para mal. Esto último en el sentido de que la familia nos toca a todos.
Un día, el tío de Alberto, Carlos Fuguet, desapareció. Nada de llamadas ni cartas. Se esfumó del planeta. ¿Murió? ¿Lo mataron? Era 1986 y los Fuguet vivían en Estados Unidos, escenografía principal del libro. El tío Carlos, missing, era un ex hippie, músico rockero, soldado, convicto. Estuvo perdido hasta que Alberto Fuguet, el sobrino, decide buscarlo.
Esa búsqueda es la historia.
¿Qué tanto de verdad y qué tanto de mentira hay en Missing? No sé y no me interesa. Yo sabía del libro por lo que Alberto había escrito antes en Etiqueta Negra, en clave de no-ficción. Si luego para Missing –que se vende como novela– añadió escenas, diálogos y personajes que no existen, bien, la historia cierra y se agradece.
***
Solo pudimos vernos un rato. Fuimos a comer algo en un hueco de Miraflores, con Mayte, antes de una entrevista que él tenía en la tele. La pasamos bien.
Nos contó que cuando le llevó el manuscrito de Missing a su tío Carlos, a Las Vegas, él se lo devoró en una madrugada en un café. Una mesera había estado toda la noche viendo cómo este hombre leía sin parar, y solo se detenía para llenar su taza de café.
Se le acercó.
–Debe estar entretenido ese libro –fue más o menos lo que ella le dijo.
–Sí –respondió él–. Yo soy el héroe.
***
Si no lees Missing, jamás sabrás nada sobre tu propia familia.
